En un giro inesperado que contradice las predicciones iniciales, el billete verde estadounidense experimenta su mayor caída en más de tres décadas. El índice DXY, que mide el valor relativo del dólar frente a una canasta de divisas principales, registra un retroceso del 8,4% en lo que va del año, su peor desempeño desde 1989. Este debilitamiento ocurre precisamente cuando las controvertidas políticas comerciales de la administración Trump 2.0 sacuden los mercados globales.
Es lo que indica un reporte emitido hoy por la peruana Credicorp titulado «Monedas LatAm», donde de plano sentencia que el dólar global enfrenta su mayor caída desde 1989.
Este colapso del dólar «refleja las dudas crecientes de los inversionistas sobre el potencial deterioro institucional que podría provocar la agenda económica del presidente estadounidense».
Aunque el equipo económico de Trump ha manifestado su preferencia por un dólar «menos fuerte», la imposición de aranceles agresivos —especialmente contra China— ha desencadenado consecuencias inesperadas, incluyendo una marcada caída en la valoración del dólar y un repunte en las tasas de los bonos del Tesoro.
Para las principales economías latinoamericanas, este escenario ha creado un panorama mixto de oportunidades y vulnerabilidades, dice Credicorp.
Las monedas de la región han mostrado fortaleza relativa, con apreciaciones significativas frente al dólar en lo que va de 2025: el real brasileño lidera con un 9%, seguido por el peso mexicano con 6,2% y el peso colombiano con 4,6%. El peso colombiano, de hecho, se ha posicionado como la segunda moneda de mejor comportamiento en la región desde la victoria de Trump en noviembre de 2024, solo superado por el sol peruano.
Brasil, con China como su principal socio comercial, ha logrado capear el temporal arancelario estadounidense. Sin embargo, persisten riesgos relacionados con su situación fiscal y la posibilidad de una desaceleración china. México enfrenta una posición particularmente vulnerable dada su alta dependencia del mercado estadounidense, aunque hasta ahora ha logrado navegar las tensiones comerciales mejor de lo esperado.
Perú emerge como caso ejemplar en la región, exhibiendo fundamentos macroeconómicos sólidos: un superávit en cuenta corriente, reservas internacionales que representan el 28% del PIB y una deuda pública contenida. Chile y Colombia, por su parte, muestran mayor volatilidad debido a sus exposiciones a materias primas específicas, particularmente el cobre y el petróleo, respectivamente.
Argentina representa un caso aparte, habiendo inaugurado un nuevo régimen cambiario de flotación administrada, con una banda entre 1.000 y 1.400 pesos por dólar, respaldado por un inédito paquete financiero externo de 28.100 millones de dólares.
De cara al futuro, los analistas anticipan un posible ajuste al alza en el valor relativo del dólar hacia el rango 102-103 en los próximos meses. Esto sugiere que las monedas latinoamericanas podrían moderar sus ganancias recientes, enfrentando un delicado equilibrio entre aprovechar el momento actual de debilidad del dólar y prepararse para una eventual normalización.
La lección para los inversores parece clara: el actual contexto extremadamente cambiante exige cautela y atención constante a los desarrollos políticos, tanto en Estados Unidos como en la región, donde los próximos ciclos electorales añadirán otra capa de incertidumbre a un escenario ya complejo.
