Con clientes de todo tamaño —desde multinacionales hasta pequeñas compañías en expansión—, la firma chilena de tecnología redvoiss lanzó el 22 de julio su nueva imagen corporativa y nuevas líneas de producto.
A la cabeza está su CEO, David Iacobucci, con más de 25 años de experiencia en TI y 18 meses en la compañía. Este argentino, radicado en Chile hace 15 años, encontró en redvoiss —pionera en traer al país la telefonía IP— el espacio para «motivar el cambio, desarrollar tecnología, implantar nuevos métodos de trabajo», en un ambiente colaborativo.
La compañía, controlada en un 51% por el Grupo Prisma (familia Claro Figueroa) y en 49% por el empresario Alberto Mordojovich, apuesta ahora a Iris, su nueva plataforma de comunicaciones empresariales inteligentes en la nube.
«Apostamos a duplicar nuestro crecimiento, en ingresos y en participación de mercado en Chile, en cinco años», señala Iacobucci. El momento acompaña: Grand View Research proyecta que las comunicaciones en la nube crecerán hasta 26% para 2030 en la región, y 6WResearch estima que la industria UCaaS chilena llegará a los US$387 millones en 2032.
El foco, agrega, está en medianas y grandes empresas de retail, servicios financieros, salud, educación y cobranzas, con fuerte componente de ciberseguridad.
¿Qué cambia?
La plataforma pasa de soluciones aisladas a una arquitectura unificada, donde las aplicaciones empresariales comparten información y operan como un solo sistema. Iris integra telefonía empresarial, contact center omnicanal, videocolaboración nativa en Zoom sin licencias adicionales, e integración de telefonía tradicional con Microsoft Teams desde cualquier número. Al operar en la nube, elimina la infraestructura telefónica tradicional, agiliza implementaciones y reduce costos.
En entrevista con Cofibreik magazine, David Iacobucci profundiza en los desafíos de la adopción tecnológica y su relación con el empleo.

Hoy lanzan un servicio con IA y nube. ¿Qué tiene actualmente de novedosa esa fórmula?
Hoy existe la oportunidad de integrar soluciones ya instaladas y sumarles valor. La dificultad aparece cuando, como usuario, hablás con una empresa —por mail, WhatsApp, redes o teléfono— y quien te atiende no tiene el historial completo. Esa omnicanalidad real es lo que estamos desarrollando.
¿Y ahí entra la inteligencia artificial?
Si me llamaste y te atendí bien, la próxima vez la herramienta puede identificarlo y derivarte con la misma persona. O si llamás al banco, explicás tu caso y se corta la llamada: la plataforma te permite retomar con quien ya estabas hablando. Eso lo hace la IA, sumada a la plataforma y a nuestros desarrollos.
Se habla también de «gobernanza en la nube», porque la información no sirve de mucho si no está integrada y ordenada ¿Cuál es el salto acá, exactamente?
En cómo se procesa la información está lo interesante, pero también hay que procesarla a la velocidad necesaria. Mucha gente dice que la IA va a quitar trabajo. No: te lo va a quitar una persona que maneje bien la IA, o un cambio tecnológico al que no te adaptaste. Antes solo juntábamos datos; ahora hay que procesarlos, interpretarlos, representarlos y tomar decisiones con ellos. Los tecnólogos tenemos que subir de nivel: ya no alcanza con entregar un reporte, hay que entregarlo con interpretación y alternativas de solución. De nada sirve una base de datos llena si una respuesta demora ocho horas en sistemas críticos: frente a una emergencia climática no podemos tardar una semana en decidir si llevamos agua a algún lugar. Para eso están la nube, la IA y los procesos: para mejorar la calidad de las decisiones.
¿A qué tipo de empresas apunta esto? Hay compañías que dicen «con Gmail y sus herramientas gratuitas nos basta». Y en un Chile a la baja en crecimiento y al alza en desempleo, ¿cómo se adaptan las empresas de tecnología?
Nuestro mercado es corporativo: desde empresas pequeñas en expansión hasta multinacionales, y la plataforma permite ampliar la operación a otras regiones de Latinoamérica sin cambiar de herramienta. En cuanto a la adaptación: se gana dinero cuando vendés más de lo que comprás. Si en vez de cobre en bruto vendiéramos cobre procesado, o baterías de litio en lugar de litio puro, la riqueza generada sería mucho mayor.
En telecomunicaciones pensamos igual: los profesionales chilenos son muy buenos y, aunque más caros que en otros países, la calidad del servicio también lo es. Se puede competir creciendo hacia otros mercados, y eso hace crecer el empleo. Mi convicción: desarrollar empleo exportando servicios hacia afuera.
¿Qué desafíos ven con la ley de ciberseguridad y la de protección de datos? Es algo que excede a la industria tecnológica.
Son dos grandes desafíos. Una exige controles y garantías determinadas; la otra, avales para almacenar información de un cliente y capacidad de eliminarla cuando lo pide. Para las empresas chicas es enorme. Pensemos en un laboratorio clínico: si alguien pide, seis meses después, que borren sus datos, ¿cómo lo demuestra? Va a pasar que, antes de cualquier test o servicio, vamos a tener que firmar un disclosure aceptando el uso de nuestra información —incluso en una entrevista como esta—, porque la ley nos lleva hacia allá. Creo que también va a haber un péndulo: veníamos de un extremo sin regulación y no deberíamos ir al de regularlo todo; en el medio está el punto de equilibrio que cada negocio necesita para operar.
Como empresa que trabaja con IA, ¿cómo ven estos vaivenes tan marcados, con las acciones de las tecnológicas subiendo y cayendo con la misma velocidad?
Esto ya pasó antes, como con la burbuja de las puntocom: algo quedó, y hubo desarrollo tecnológico real detrás. Hoy nadie se imagina funcionar sin Internet. Con la IA va a pasar lo mismo, aunque también hay burbujas —como pudo haberlo sido el metaverso, que se infló pero no prosperó, al menos por ahora—. La IA y las redes neuronales existen desde los años 70; faltaban las herramientas, las redes y el almacenamiento.
Pasaron 30 años hasta que pudimos operar en la nube; con la IA probablemente no tome tanto, pero sí algo más, hasta tener capacidad de procesamiento, data centers, energía y refrigeración suficientes. De todos modos, la IA y la nube llegaron para quedarse. Cómo la use cada empresa es una decisión de los gerentes: de personas, no de máquinas.
¿Hay ambiente para que surja una nueva empresa tecnológica? ¿Hay suficientes jugadores en la industria?
Todos los días aparecen oportunidades nuevas: en Chile hay muchos emprendimientos basados en desarrollos tecnológicos, chicos y grandes. Falta creatividad, y que se fomente y acompañe el emprendimiento. Universidades, gobierno y empresas tienen que trabajar juntos, porque el emprendimiento y el desarrollo son lo que generan riqueza y empleo.
