Procedimientos cardiovasculares respaldados por evidencia científica y utilizados en centros de alta complejidad pueden enfrentar una importante barrera de acceso en Chile.
Mientras Fonasa ya dispone de un mecanismo para reconocer y valorizar algunas de estas tecnologías, los pacientes afiliados a Isapres pueden encontrar dificultades para obtener cobertura cuando las prestaciones no están codificadas en los aranceles de sus planes de salud.
Entre ellas se encuentran el implante valvular aórtico transcatéter, conocido como TAVI, y la reparación endovascular de la válvula mitral mediante dispositivos como MitraClip.
Estas intervenciones permiten tratar enfermedades valvulares graves a través de catéteres y sin recurrir necesariamente a una cirugía a corazón abierto, beneficiando especialmente a pacientes mayores o con condiciones que elevan el riesgo quirúrgico.
El Dr. Nicolás Veas, cardiólogo del Centro Médico Nueva Estoril, explica que el problema no está en la falta de evidencia sobre estas técnicas, sino en la velocidad con que el sistema de aseguramiento incorpora los avances de la medicina.
“Diversos procedimientos cardiovasculares aún no cuentan con un código específico en los aranceles de las aseguradoras privadas. Cuando esto ocurre, la Isapre no tiene un mecanismo para bonificar la prestación, y el paciente debe asumir el costo total de su bolsillo o judicializar su caso para acceder a ella”, señala el especialista.
Tratamientos que pueden superar los $40 millones
Fonasa cuenta desde 2021 con el denominado Ajuste por Tecnología, un mecanismo que contempla pagos adicionales por terapias o dispositivos de alta complejidad cuyos costos no están adecuadamente representados en el valor general de una hospitalización.
De acuerdo con las normas del seguro público, el ajuste se aplica a tecnologías empleadas durante un episodio hospitalario que se encuentran expresamente incluidas en las condiciones de financiamiento. Su objetivo es reconocer el costo adicional que implica incorporar determinados dispositivos o tratamientos de alta complejidad.
En los antecedentes oficiales correspondientes a 2025, la sustitución endovascular de la válvula aórtica aparece valorizada en $21.250.100, mientras que el dispositivo para la reparación endovascular de la válvula mitral alcanza los $41.663.300.
Este reconocimiento no implica que todos los beneficiarios de Fonasa accedan automáticamente a los procedimientos, pues la indicación depende de criterios médicos, disponibilidad de centros especializados y condiciones administrativas. Sin embargo, el sistema público ya dispone de una vía formal para valorizar y financiar estas tecnologías en los casos que cumplen los requisitos correspondientes.
En las Isapres, en cambio, la cobertura está determinada por el arancel y las condiciones del plan contratado. La falta de codificación puede dificultar la bonificación regular de una prestación y también limitar el acceso a mecanismos de protección financiera. La Superintendencia de Salud señala que la Cobertura Adicional para Enfermedades Catastróficas, conocida como CAEC, excluye las prestaciones no aranceladas y aquellas homologadas, entendiendo por homologación el reemplazo de una prestación no codificada por otra que sí aparece en el arancel.
“A pesar de ello, muchas de estas prestaciones continúan sin un reconocimiento adecuado por parte de las Isapre, generando una paradoja: tecnologías que Fonasa ya valoriza y financia formalmente a través del Ajuste por Tecnología, incorporadas a la práctica clínica internacional y utilizadas rutinariamente en centros de alta complejidad, siguen siendo consideradas, en la práctica, procedimientos ‘no codificados’ para quienes tienen un seguro privado”, advierte el Dr. Veas.
Procedimientos que dejaron de ser experimentales
El TAVI permite reemplazar una válvula aórtica enferma mediante un catéter que generalmente se introduce a través de un vaso sanguíneo. En Chile, la técnica comenzó a utilizarse en 2010 y actualmente se realiza en distintos hospitales del país, según antecedentes publicados por la Revista Médica de Chile.
“El mejor ejemplo es el implante valvular aórtico transcatéter (TAVI). Desde 2019, la evidencia clínica demostró que esta terapia era una alternativa segura y eficaz también en pacientes de bajo riesgo quirúrgico, y actualmente las principales guías internacionales la consideran parte del estándar terapéutico para la estenosis aórtica severa”, afirma el cardiólogo.
En el caso de la insuficiencia mitral, la reparación transcatéter también constituye una alternativa para pacientes seleccionados. Las guías europeas reconocen su utilización en determinados casos de insuficiencia mitral secundaria y en pacientes con insuficiencia primaria que presentan un alto riesgo quirúrgico, siempre después de una evaluación especializada y multidisciplinaria.
Cuando la barrera no es médica, sino financiera
Las enfermedades valvulares graves pueden provocar falta de aire, fatiga, dolor de pecho, desmayos, insuficiencia cardíaca, hospitalizaciones reiteradas y una pérdida progresiva de autonomía. Por eso, retrasar una intervención indicada no solo afecta las posibilidades de recuperación, sino también la calidad de vida de los pacientes y sus familias.
“Las consecuencias son conocidas por quienes atendemos pacientes todos los días: retrasos en tratamientos potencialmente salvadores, mayor morbimortalidad, progresión de enfermedades, hospitalizaciones evitables y un creciente gasto de bolsillo para las familias”, concluye el Dr. Veas.
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