El ruido no aparece solamente en un concierto o frente a una maquinaria. Para muchas personas forma parte de prácticamente toda la jornada: comienza en el trayecto al trabajo, continúa en el tránsito o el transporte público, puede seguir con varias horas usando audífonos y terminar en un restaurante, gimnasio u otro espacio con altos niveles de sonido.
Por eso, al hablar de cuidado auditivo no basta con preguntarse qué tan fuerte es un ruido. También importa cuánto tiempo estamos expuestos a él y con qué frecuencia se repite esa exposición.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que el volumen y la duración están directamente relacionados: como referencia, establece que una exposición promedio de 80 decibeles puede mantenerse hasta 40 horas a la semana, mientras que al aumentar a 90 decibeles el tiempo de escucha sin riesgo se reduce a aproximadamente cuatro horas semanales.
“Muchas veces ponemos atención a un ruido puntual porque nos parece muy fuerte, pero dejamos de considerar todas las exposiciones que se van dando durante el día. El volumen importa, pero también cuánto tiempo pasamos en ambientes ruidosos y si damos espacios de descanso a nuestros oídos”, explica Luciano García, fonoaudiólogo de GAES Chile.
El ruido de las motos, nuevamente en discusión
El tema ha adquirido especial relevancia en las ciudades. El tránsito vehicular es considerado la principal fuente de ruido ambiental urbano y antecedentes oficiales sitúan su contribución en torno al 70% del ruido de las ciudades.
Dentro de este escenario, las motocicletas están actualmente en la mira de las autoridades. En agosto de 2026, el Ministerio del Medio Ambiente informó nuevos avances en la revisión del Decreto Supremo N°7, norma que regula las emisiones de ruido de vehículos livianos, medianos y motocicletas.
Mediciones realizadas por la cartera a 226 motocicletas de distintas marcas y cilindradas detectaron diferencias de hasta 20 decibeles entre motos nuevas homologadas y unidades en uso, asociadas principalmente al deterioro de silenciadores o a modificaciones de los sistemas de escape.
El Ministerio también ha señalado que el parque de motocicletas del país aumentó más de un 40% durante los últimos cuatro años.
Pero el ruido vehicular es solo una parte de la exposición diaria. Audífonos a alto volumen, espacios laborales ruidosos y determinadas actividades recreativas también pueden elevar la cantidad de sonido a la que una persona está expuesta.
“La idea no es vivir evitando el sonido, sino aprender a reconocer cuándo estamos acumulando una exposición elevada. A mayor intensidad, menor es el tiempo que podemos permanecer expuestos sin aumentar el riesgo para nuestra audición”, agrega el especialista.
4 claves para disminuir la exposición cotidiana al ruido
1. Identifica los momentos más ruidosos de tu día. El trayecto al trabajo, determinados espacios laborales, el gimnasio, restaurantes o actividades recreativas pueden concentrar buena parte de la exposición. Reconocer esos momentos permite saber dónde es más importante disminuir el volumen, tomar distancia o limitar el tiempo.
2. No compitas con el ruido usando tus audífonos. En ambientes ruidosos es habitual subir el volumen para escuchar mejor. La OMS recomienda mantener los dispositivos personales en un máximo cercano al 60% de su capacidad y, cuando sea posible, utilizar audífonos con buen ajuste o cancelación de ruido para evitar elevar innecesariamente el volumen.
3. Dale pausas a tus oídos. Después de pasar un período prolongado en un ambiente ruidoso, buscar un espacio más silencioso ayuda a disminuir la exposición. La OMS recomienda limitar el tiempo en actividades de alto volumen y realizar pausas frecuentes cuando no sea posible evitar el ruido.
4. Presta atención a las señales. Zumbidos persistentes, dificultad para escuchar determinados sonidos o problemas para seguir conversaciones, especialmente en ambientes con ruido, son señales que no conviene ignorar. Si se mantienen en el tiempo, es recomendable realizar una evaluación auditiva. Sin embargo, muchas personas tienden a postergar este tipo de chequeos, ya sea porque creen que será un proceso más complejo de lo que realmente es o porque esperan que las dificultades desaparezcan por sí solas.
Desde GAES Chile explican que cuidar la audición también implica prestar atención a las primeras dificultades para escuchar puede ayudar a actuar oportunamente: “Es importante no postergar una evaluación cuando aparecen dificultades para escuchar. Muchas veces pensamos que será un proceso más complejo de lo que realmente es, pero una evaluación puede ser un primer paso sencillo para conocer cómo estamos escuchando. De hecho, las personas pueden tardar hasta 7 años en revisar su audición desde que comienzan a notar dificultades. Por eso, la invitación es a dejar de posponerla y tomar acción a tiempo”, concluye García.
