Durante mucho tiempo, los impuestos fueron considerados un tema técnico, propio del área contable o del asesor tributario externo. Las responsabilidades se asumían, cuando había que presentar declaraciones o enfrentar una fiscalización. Pero ese enfoque quedó atrás. Hoy, la gestión tributaria es parte central de la sostenibilidad del negocio, generando responsabilidades. Y, por lo mismo, debe estar en la mesa del directorio.
No se trata de transformar a los directores en expertos en normativa fiscal. Se trata de asumir que el riesgo tributario es un riesgo estratégico. Así como se discuten riesgos financieros, regulatorios o tecnológicos, la variable tributaria también puede impactar directamente en la continuidad operacional, en la reputación y en la estabilidad financiera de la compañía, en sus administradores y en el directorio.
En un entorno donde las normas cambian con frecuencia y la fiscalización es cada vez más sofisticada, no basta con cumplir formalmente. La sustentabilidad tributaria implica anticiparse, evaluar escenarios, revisar estructuras y definir políticas claras que orienten la toma de decisiones.
Una empresa que integra el cumplimiento tributario dentro de su gobierno corporativo no solo reduce contingencias. También fortalece su posición frente a bancos, inversionistas y grandes clientes. El orden y la transparencia fiscal se han convertido en señales concretas de seriedad y buena gestión.
Además, el mercado está mirando. La conducta tributaria forma parte de la conversación sobre sostenibilidad y responsabilidad empresarial. La pregunta ya no es cuánto paga una empresa, sino cómo gestiona sus obligaciones y qué nivel de coherencia existe entre su discurso y su práctica.
Para los directorios, el desafío es simple en su definición, pero exigente en su implementación: contar con información clara, establecer criterios de gestión del riesgo tributario y asegurarse de que la organización tenga procesos robustos y profesionales en esta materia.
En Chile, donde el debate fiscal ha sido intenso en los últimos años, esta conversación es aún más relevante. Las decisiones tributarias mal evaluadas pueden transformarse en contingencias millonarias o en conflictos que desgastan a la organización por años, afectando a representantes, accionistas, dueños y directores.
Por Iván Cifuentes, perito judicial y socio de Cifneg Consultores.
