Los edificios ya no pueden seguir diseñándose solo para autos. La bicicleta dejó de ser un hobby, es vista como una opción real de transporte diario, impulsada por generaciones que buscan una ciudad más eficiente, menos contaminada y mejor conectada.
Santiago avanza lento pero ha dado señales de cambio. No basta con tramos aislados de ciclovía o bicicleteros mal ubicados. Los ciclistas requieren estacionar con seguridad, tener un lugar seguro donde dejar su casco, y puntos de recarga en el caso de los scooters, motos y bicicletas. Todo eso que parecía un lujo hace un tiempo y hoy es parte del mínimo.
Algunos proyectos lo están entendiendo, Costanera Center con su Bike Costanera, el MUT o el edificio Nueva Córdova son excelentes ejemplos. Los tres cuentan con infraestructura: talleres de autoservicio, lockers, bombas de aire, seguridad y tiendas especializadas cercanas. Hay un sinfín de acciones que muchos edificios ya están implementando para estos nuevos usuarios, dejando atrás esquinas ocultas y oscuras para hoy, llenarlas de luz, imágenes y movimiento. Hay que aprovechar esa sinergía.
Este cambio en la forma de movernos no es solo una percepción, de acuerdo con el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, los viajes en bicicleta en Santiago han crecido más de un 7% anual durante la última década.
El aumento progresivo, de bicicletas y scooter exige este tipo de respuestas desde el diseño urbano y arquitectónico. La ciudad cambió y con ella, la forma en que las personas quieren moverse, trabajar y vivir.
Jorge Araos, Director de Oficinas JLL Chile
