En 2025, el panorama del nearshoring se ha vuelto más complejo. El entusiasmo inicial por relocalizar cadenas de suministro hacia México enfrenta ahora un entorno marcado por tensiones comerciales con Estados Unidos, amenazas arancelarias y la revisión inminente del T-MEC. Estos factores están obligando a empresas e inversionistas a replantear sus estrategias y a evaluar si el fenómeno seguirá siendo tan rentable y seguro como parecía hace apenas un par de años.
De acuerdo con el presidente de la Confederación Nacional de Cámaras Nacionales de Comercios, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur), Octavio de la Torre, «entre el 21 y 20 por ciento, establece que han tenido reducción o reubicación de sus operaciones».
Durante el auge del nearshoring entre 2022 y 2023, México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos, desplazando incluso a China. El país logró atraer nuevas plantas manufactureras, especialmente en los sectores automotriz, electrónico y de autopartes. Sin embargo, el llamado “milagro del nearshoring” enfrenta hoy sus primeras pruebas de resistencia.
De la promesa al ajuste de expectativas
En los últimos tres años, el nearshoring pasó de ser un eslogan optimista a una política económica clave para México. Según el INEGI y el BBVA Research, en 2023 el país exportó bienes por alrededor de US$593,000 millones, una cifra récord que reforzó la idea de que parte de la producción que antes salía de Asia había comenzado a trasladarse a territorio nacional.
El Banco de México reportó que hasta julio de 2024, 12.9 % de las empresas con más de 100 trabajadores habían registrado beneficios directos derivados del nearshoring. Aun así, los efectos siguen concentrados: la inversión se ha focalizado en regiones fronterizas y en grandes corporaciones ya integradas a cadenas globales.
Mientras tanto, China continúa controlando casi un tercio del valor manufacturero mundial, manteniendo su hegemonía en sectores estratégicos como la electrónica, los paneles solares y los componentes industriales. Esa realidad limita la posibilidad de un reemplazo masivo de producción hacia México.
De acuerdo con un análisis de Forbes México, el “boom” del nearshoring se ha transformado en un proceso de ajuste. Las empresas están evaluando con mayor cautela los riesgos internos —como la infraestructura deficiente, los altos costos energéticos y la inseguridad—, así como los cambios regulatorios en Estados Unidos, que podrían alterar la rentabilidad del modelo.
Ventajas y límites del modelo mexicano
Las ventajas comparativas de México siguen siendo claras:
Proximidad con el mercado estadounidense.
Tiempos de envío reducidos.
Salarios competitivos.
Acceso preferencial al mercado de Norteamérica mediante el T-MEC.
Sin embargo, los especialistas advierten sobre los obstáculos estructurales que frenan un crecimiento sostenido:
Infraestructura y logística insuficiente: los costos por deficiencias en carreteras, puertos y aduanas encarecen la manufactura.
Inversión concentrada: el auge se limita a ciertos polos industriales del norte del país.
Dependencia de insumos chinos: muchos sectores aún importan la mayoría de sus componentes desde Asia, reduciendo el impacto del nearshoring.
Entorno de riesgo: la revisión del T-MEC en 2026 y las amenazas de nuevos aranceles por parte de EE. UU. generan incertidumbre sobre la estabilidad de las reglas del juego.
Según Fitch Ratings, “no basta con contar con el empuje; detrás del fenómeno hay que apostar por la competitividad y la institucionalidad”.
La visión de los economistas
Expertos coinciden en que el nearshoring sigue siendo una oportunidad, pero no una garantía. El economista Alejandro Werner, exdirector del FMI para el Hemisferio Occidental, ha señalado que el fenómeno podría añadir varios puntos al crecimiento del PIB mexicano en el mediano plazo, siempre y cuando se fortalezcan la certeza jurídica, la infraestructura y el capital humano.
La CEPAL y el Banco Mundial apuntan que México tiene una “ventana de oportunidad” para modernizar su industria, pero advierten que si no se eleva el contenido tecnológico de la producción, el país podría quedar atrapado en una dinámica de bajo valor agregado.
Desde S&P Global, Elijah Oliveros-Rosen, economista en jefe para Mercados Emergentes, advierte que “una dinámica que va a competir con el nearshoring en México va a ser precisamente el reshoring en Estados Unidos. Hemos visto una pausa en los flujos de inversión relacionados con la relocalización de empresas, muy probablemente en reacción a la incertidumbre arancelaria”.
Riesgos que marcan el 2025
De acuerdo con Essentia Advisory (ESSAD), firma especializada en el desarrollo de nuevos negocios y gestión del talent humano, el nearshoring enfrenta tres desafíos inmediatos:
Amenazas arancelarias: Estados Unidos ha insinuado posibles ajustes comerciales que afectarían a sectores automotriz y electrónico.
Revisión del T-MEC: prevista para 2026, esta revisión podría endurecer las reglas de origen o los estándares laborales, encareciendo la producción mexicana.
Factores internos: inseguridad, falta de energía eléctrica en zonas industriales y procesos burocráticos lentos siguen restando atractivo frente a otros destinos como Vietnam o Indonesia.
“El atractivo del país dependerá de su capacidad para mitigar riesgos internos y anticiparse a las transformaciones regulatorias de su principal socio comercial”, asegura Jesús Moscoso, abogado y CEO de ESSAD.
De la euforia al realismo
El nearshoring ha dejado huella: México está más integrado que nunca a las cadenas norteamericanas y sus exportaciones alcanzan niveles históricos. Sin embargo, el país no ha logrado construir un ecosistema industrial autónomo ni asegurar condiciones estructurales para sostener el impulso.
El entusiasmo inicial de 2023 dio paso en 2025 a un realismo empresarial: el nearshoring sigue siendo atractivo, pero ya no es una apuesta segura. Los inversionistas entienden que la relocalización no garantiza rentabilidad si persisten la incertidumbre legal, las deficiencias logísticas y los riesgos políticos.
“El nearshoring no es una promesa garantizada, sino una oportunidad que solo quienes sepan adaptarse a los cambios del entorno podrán convertir en una ventaja de largo plazo”. Agrega Fernando Rojas, socio CEO de ESSAD.
