El hidrógeno verde tiene un rol en la descarbonización de sectores difíciles de electrificar, como el transporte de larga distancia y la producción de acero y productos químicos.
Las expectativas son altas, estas se reflejan en el gran número de proyectos anunciados a nivel mundial. No obstante, el progreso real es aún limitado.
Chile es un caso ilustrativo, si bien se han anunciado cerca de 100 proyectos, solo diez han recibido aprobación definitiva y otros seis se encuentran en proceso de evaluación.
Es más, si todos los proyectos anunciados llegaran a materializarse, la capacidad total seguiría siendo inferior a los objetivos establecidos en la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde.
“Nuestras estimaciones del avance real en la implementación del hidrógeno verde indican que se llegará a una capacidad de 15 GW, es decir, la mitad de la meta para 2030”, señala el Dr. Dieter Dohmen, director del Instituto alemán Research Institute on Lifelong Learning (RILLL).
“Sin embargo, esto no es un fenómeno exclusivo de Chile, sino una preocupación global. Hasta ahora, hemos identificado solo tres proyectos en todo el mundo que ya han comenzado su fase de implementación”.
Siguiendo las proyecciones actuales, también habrá consecuencias sobre la demanda de empleo en los próximos años.
“De aquí a 2030, estimamos una demanda anual de hasta 10.000 trabajadores para la etapa de construcción y hasta 17.000 para la etapa de operación y mantenimiento, a menos que el ritmo de avance se acelere considerablemente”, añade Dohmen.
Por otro lado, el experto indica que la necesidad de formación en temas relacionados con el hidrógeno verde será mucho más amplia, ya que prácticamente todas las personas involucradas —desde conductores de camiones hasta personal de emergencias— deberán conocer los aspectos fundamentales para su seguridad.
Mirando al futuro, uno de los principales cuellos de botella es el alto costo unitario del hidrógeno verde, que actualmente oscila entre 4 y 7 dólares por kilogramo, muy por encima del hidrógeno gris, lo que lo hace aún no competitivo. “Necesitamos con urgencia estrategias innovadoras que permitan reducir significativamente los costos de producción”, explica el Dr. Frank Dinter, director ejecutivo de Fraunhofer Chile.
Por lo anterior, como parte del proyecto Power-to-MEDme-FuE se han desarrollado 15 perfiles ocupacionales técnicos y profesionales adaptados a las necesidades específicas de la producción de hidrógeno verde, claves para adecuar tanto los programas de formación como las iniciativas de capacitación de formadores.
En la misma línea, es que en este contexto que el policy paper “Hidrógeno verde en Chile y el camino a seguir” revisa prácticas internacionales como los contratos de compraventa a largo plazo, los mecanismos de apoyo estatal —como los contratos por diferencia de carbono—, el financiamiento en infraestructura en hubs de hidrógeno como Magallanes y Antofagasta, y la agilización de procesos regulatorios.
En la misma línea, aborda la importancia de invertir en I+D, formación de competencias y una colaboración público privada más robusta. El documento indica que el país o empresa que logre aplicar este enfoque integral, tanto tecnológica como institucionalmente, contará con una ventaja competitiva para liderar el sector.
Más sobre la política «El hidrógeno verde en Chile: el camino a seguir», financiado por el Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania acá.
