Las exigencias del consumidor chileno están llegando cada vez más rápido a la planta de producción. Menos azúcar, más proteína, ingredientes funcionales y etiquetas que se entiendan son hoy requisitos de formulación, y resolverlos exige ingredientes nuevos y conocimiento técnico.
Así lo plantea el área de Alimento y Nutrición de Oxiquim, que en el marco del Día Mundial de la Alimentación analizó estas tendencias a partir de un producto cotidiano: el yogurt.
La FAO eligió para este año el lema “Innovar hoy para nutrir mañana”, una idea que en la industria alimentaria se traduce en algo muy concreto, buscar nuevas opciones y ajustarse a las necesidades de la población.
¿Cómo ha cambiado la etiqueta del yogurt chileno?
Según un estudio de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) del Ministerio de Agricultura (2012), en 2006 el consumo aparente de yogurt en Chile alcanzaba los 10,7 litros por habitante al año y los niños eran sus principales consumidores.
Era, además, un producto en el que el azúcar tenía un rol central en la fórmula.
Hoy, las cifras de Odepa permiten dimensionar la magnitud de esta industria: entre enero y noviembre de 2025, las plantas consideradas en sus estadísticas elaboraron más de 206 millones de litros de yogurt, lo que muestra la relevancia de un producto cuya composición ha cambiado con el tiempo.
Los chilenos tienen hoy más alternativas
En estas dos décadas, el producto incorporó probióticos, se masificó en versiones sin lactosa, redujo su contenido de azúcar, reemplazó parte de ella por edulcorantes y sumó proteína.
Hoy el colágeno aparece como la próxima línea de la etiqueta. Cada uno de esos cambios fue, para la industria, un desafío de formulación.
Para la nutricionista de Clínica INDISA, Dana Bortnick, es positivo que hoy exista una mayor variedad de yogures, con distintas características nutricionales, porque amplía las alternativas disponibles para los consumidores.
Sin embargo, “la incorporación de ingredientes como proteínas o colágeno, o la reducción de azúcar, no determina por sí sola que un producto sea más saludable. Para evaluarlo, es importante considerar su composición nutricional completa”, explica la especialista.
Reducción de azúcar y la masificación del edulcorante
La preocupación por los efectos del consumo excesivo de azúcar y los cambios en las preferencias de los consumidores han impulsado modificaciones en la formulación de diversos alimentos.
Un estudio de investigadores del INTA de la Universidad de Chile publicado en Frontiers in Nutrition (2021) mostró que el uso de edulcorantes no calóricos en alimentos envasados pasó de 37,9% a 43,6% de los productos tras la entrada en vigor de la Ley de Etiquetado, con alzas en yogures, bebidas lácteas y postres impulsadas por la sucralosa y la stevia.
“Los edulcorantes han permitido bajar las calorías totales de los alimentos. Vemos que la sucralosa domina en bebidas, mientras que en panificación se usan alternativas como la alulosa. Al mismo tiempo, el consumidor muestra preferencia por opciones como la stevia y la alulosa, que percibe como más naturales. En Oxiquim proveemos sucralosa y acesulfame K a la industria, y buscamos nuevas alternativas cuando una formulación lo requiere, buscando siempre opciones que combinen calidad y necesidades del mercado”, explica Fernanda Escanilla, gerente de Negocio de Alimento y Nutrición de Oxiquim.
El boom de la proteína y colágeno
La proteína dejó de ser un atributo de nicho. Hoy café, barras, bebidas y postres con proteína o colágeno ocupan cada vez más espacio en ferias y góndolas, impulsados por dietas más altas en proteína.
Según el Monitor de colágeno hidrolizado de la Secretaría de Agricultura de Argentina (2025), solo en 2024 se lanzaron en el mundo más de 3.900 productos con colágeno.
“Cada vez estamos abasteciendo más colágeno y gelatina a la industria alimentaria, con aplicaciones en postres refrigerados y néctares. Su incorporación en matrices como los néctares exige ajustes de proceso, algo que estamos trabajando intensamente con nuestros clientes para alinear rápido las formulaciones a lo que está exigiendo el mercado”, precisa Escanilla.
Para Oxiquim, el desafío en la industria está radicado en anticiparse, identificar la tendencia en el consumidor final, traducirla en ingredientes disponibles y acompañar técnicamente su incorporación en planta: lo que ocurrió en el yogurt hoy se repite en bebidas, panificación, snacks e incluso alimentación animal.
“Antes la tabla nutricional y los detalles de los alimentos no eran un tema que movilizaron la decisión de compra necesariamente, pero hoy vemos un consumidor mucho más informado, que revisa los ingredientes, su orden y el origen de los mismos. Para la industria eso significa que cada cambio de hábito debe ser leído, investigado y generar el conocimiento técnico para ajustar formulaciones y seguir entregando opciones cada vez más saludables y que cumplan su función alimenticia”, explica Fernanda Escanilla.
“La proteína es un nutriente fundamental para el mantenimiento de la masa muscular y la reparación de tejidos, mientras que el colágeno forma parte de estructuras como la piel, los tendones y los cartílagos. Incorporarlos a productos como el yogurt permite desarrollar nuevas alternativas, pero su presencia no garantiza por sí sola efectos específicos en el organismo. Su aporte debe evaluarse considerando la composición nutricional completa del alimento”, concluye la nutricionista de Clínica INDISA.
