La minería chilena avanza con perforadoras teleoperadas, camiones autónomos y centros de operación remotos, elevando la productividad, pero también la exposición digital.
Según el Estudio de Percepción de Riesgos Empresariales 2025, 76,5% de los ejecutivos mineros considera que su empresa está más expuesta a riesgos de ciberseguridad, mientras ninguno percibe una menor exposición.
Según FortiGuard Labs, Chile registró 4.400 millones de intentos de ciberataque en el primer semestre de 2026, ubicándose cuarto en América Latina. En minería, 62,3% de los ejecutivos reporta incidentes en el último año, mientras más del 82% ya utiliza IA, aunque sea en fase piloto.
«Cuando se habla de ciberseguridad se suele pensar en robo de información, pero en una faena un ataque puede detener una planta, afectar el control de un equipo o dejar sin visibilidad a un centro de operaciones. Hoy los sistemas de oficina y los de operación están conectados, y eso significa que una contraseña robada a través de un correo puede terminar comprometiendo la continuidad de toda la operación», advierte Cristián Molina, gerente de Operaciones de Tres60 by SGS.
El margen de reacción también se ha acortado. El último reporte de FortiGuard Labs estima que el uso de inteligencia artificial redujo a entre 24 y 48 horas el tiempo que tardan los atacantes en explotar una vulnerabilidad crítica, cuando reportes anteriores hablaban de 4,7 días. La regulación apunta en la misma dirección.
En julio, la ANCI cerró su primer proceso de calificación con 1.154 operadores de importancia vital, incluidos servicios de los que dependen las faenas mineras.
Ante este escenario, Molina recomienda identificar los equipos conectados, separar las redes corporativas de las operacionales, mantener monitoreo permanente y probar los protocolos de respuesta en terreno, no solo en documentos.
«Ningún sistema es invulnerable. Lo que marca la diferencia es cuánto se demora una operación en darse cuenta de que está siendo atacada y en contener el problema. La ciberseguridad tiene que pensarse desde el momento en que se diseña la red o se automatiza un proceso, y no como algo que se agrega después», concluye Molina.
