La pérdida auditiva asociada al envejecimiento no siempre aparece de manera evidente. Muchas veces comienza con pequeños cambios en la rutina que son más fáciles de identificar para quienes comparten con una persona mayor que para ella misma: aumentar progresivamente el volumen del televisor, pedir que repitan una frase o tener dificultades para seguir una conversación cuando participan varias personas.
Expertos afirman que prestar atención a estas señales cobra especial relevancia considerando la creciente evidencia científica que ha estudiado la relación entre salud auditiva y salud cognitiva.
Investigaciones internacionales han encontrado una asociación entre pérdida auditiva y un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
Un análisis publicado en JAMA Neurology encontró que el uso de dispositivos de rehabilitación auditiva se asociaba con un menor riesgo de deterioro cognitivo a largo plazo.
“Estos resultados son relevantes porque muestran que la salud auditiva forma parte de una mirada integral del envejecimiento. No significa que una pérdida auditiva vaya a provocar Alzheimer ni que un audífono pueda prevenir por sí solo una enfermedad neurodegenerativa, pero sí sabemos que mantener una buena audición favorece la comunicación, la participación y la estimulación cotidiana”, explica Marisela Rojas, fonoaudióloga de GAES Chile.
Más allá de estos antecedentes, existen situaciones cotidianas que pueden entregar las primeras pistas. Son cambios que muchas veces pasan inadvertidos o se atribuyen simplemente a la edad, pero que, cuando se vuelven frecuentes, pueden ser una señal para prestar mayor atención a la salud auditiva.
¿En qué fijarse?
Estas son 5 señales que la familia puede observar:
El televisor está cada vez más fuerte
Si una persona comienza a subir regularmente el volumen del televisor, la radio o el celular, puede ser una señal de que algunos sonidos ya no están llegando con la misma claridad. Más que fijarse en un volumen específico, es importante observar si existe un cambio respecto de su comportamiento habitual.
Pide que le repitan las cosas con frecuencia
Preguntar nuevamente “¿qué dijiste?” o solicitar que se repita una frase puede ocurrir ocasionalmente, pero si se vuelve habitual, especialmente en conversaciones cotidianas, conviene prestar atención.
Le cuesta seguir conversaciones grupales
Los almuerzos familiares, reuniones o encuentros en lugares concurridos pueden ser más exigentes auditivamente. Si comienza a necesitar mayor concentración para seguir una conversación o pierde parte de lo que se está hablando cuando intervienen varias personas, puede ser recomendable evaluar su audición.
Confunde algunas palabras, aunque parezca estar escuchando
No siempre el problema está en “escuchar” un sonido, sino en distinguir correctamente lo que se dijo. Por eso, una persona puede escuchar que alguien habló, pero tener dificultades para comprender determinadas palabras o frases.
Busca constantemente una mejor posición para escuchar
Acercarse al televisor, ubicarse frente a quien habla, pedir que le hablen más fuerte o mirar con mayor atención el rostro de la otra persona son conductas que pueden aparecer como estrategias naturales para comprender mejor.
La recomendación es que, frente a cambios persistentes, la persona pueda realizarse una evaluación auditiva para conocer su situación y determinar si requiere algún tipo de apoyo.
“Muchas veces son los familiares quienes primero perciben que algo cambió. Por eso, más que corregir constantemente a la persona o simplemente subir el volumen, es importante observar estos patrones y sugerir una evaluación auditiva de manera natural”, concluye la especialista.
