Durante años el debate público ha apuntado a la decisión femenina de evitar o retrasar la maternidad como la causa principal de la crisis demográfica del país.
Sin embargo, un análisis basado en registros oficiales acaba de dar un giro a esta discusión.
El problema, según la investigación de esta universidad ligada al mundo de los negocios, no radica únicamente en la cantidad de hijos, sino en la drástica caída en la formación de parejas y en la profunda vulnerabilidad legal que enfrentan las madres en la actualidad.
«La natalidad no cayó por una sola razón; una de las principales es que cada vez menos personas están en pareja, y menos se casan, que es donde nacía la mayoría de los niños», explica Pilar Wiegand, académica de la Escuela de Gobierno de la UAI y autora del estudio.
Según la investigación, cerca del 40% de la caída de la fecundidad en el país se explica directamente por la desmatrimonialización.
Esto se refleja en que el matrimonio pasó de representar el 87% de los nacimientos en 1970 a solo un 28% en 2023.
A esto se suma el aumento sostenido de la soltería, ya que hoy el 52% de las mujeres en edad fértil no está en pareja, mientras que hace unas décadas era cerca de un tercio.
¿Ausencia de un contrato matrimonial?
El cambio cultural impulsó también la transformación de las familias, igualando la tasa de fecundidad entre mujeres casadas y convivientes.
Hoy ambos grupos tienen la misma cantidad de hijos, promediando 2,4 por mujer.
De hecho, el 77% de los niños nace actualmente fuera del matrimonio, una cifra muy lejana al 34% registrado a principios de los años noventa.
Pero esta nueva realidad esconde un problema de política pública que afecta directamente a las madres.
«A diferencia del matrimonio, la convivencia de hecho no queda registrada ni regulada. Cuando la pareja se separa o el conviviente fallece, la mujer no tiene el mismo resguardo legal que una casada, ya que no hay un registro de la unión al que recurrir para reclamar la división del patrimonio que construyeron juntos, una compensación o la herencia», detalla la académica.
Esta preocupación coincide con la evidencia comparada: Deere y León (2022) documentan que, en toda América Latina, las mujeres en convivencia quedan en una posición más precaria en cuanto a propiedad, herencia y pensión, un problema que denominan violencia patrimonial.
En Chile esta situación se agudiza porque no existe forma de reconocer la unión una vez que termina, sea por separación o por la muerte de la pareja.
Dado que la evidencia de investigaciones previas muestra que la convivencia es una unión más inestable que el vínculo legal, el estudio concluye que es fundamental que las políticas públicas comiencen a apoyar la estabilidad de las uniones y a proteger a las convivientes para evitar que más mujeres queden expuestas a la desprotección y, en consecuencia, sus hijos.
¿Será esta la única razón o solo una más. En cofibreik queremos aportar al debate agregando este video de Marc Vidal que fue filmado en su paso por Chile.
