Durante años, la presencia de mujeres en las labores técnicas y en los espacios de liderazgo de la industria vitivinícola fue más bien excepcional. Hoy, ese escenario comienza a quedar atrás: las mujeres han ido ganando protagonismo en las viñas, bodegas y equipos de trabajo, ocupando cada vez más cargos profesionales y posiciones desde donde también participan en las decisiones que marcan el rumbo del sector.
El cambio se refleja en las aulas, en los viñedos, en las bodegas y también en las experiencias que reciben a los visitantes. Hoy las mujeres están presentes prácticamente en toda la cadena del vino y, en muchos casos, ocupando espacios de decisión.
“Ha cambiado muchísimo”, resume Pía Ravanal, directora de Exportaciones de Viña Ravanal.
Recuerda que cuando su padre comenzó en la década de 1960, era extraño encontrar mujeres en una sala de barricas o liderando un equipo de vendimia. “Actualmente, las universidades de enología tienen una presencia femenina cercana a la paridad y en su propia viña hay mujeres a cargo del viñedo, laboratorio y exportaciones”, cuenta.
Y agrega: “Crecí literalmente entre viñedos y barricas. El patio de la casa de mis padres era la viña, y aunque al principio quise tomar distancia debido a que crecí viendo las largas jornadas laborales que realizaba mi padre enólogo, la vida me llevo a ser Ingeniero Agrónomo y luego Enóloga. Hoy es mi vida y mi pasión”.
Una industria que abrió nuevas puertas
El acceso a la educación, el cambio generacional en las viñas familiares y la internacionalización del negocio aparecen como algunos de los principales factores detrás de esta transformación. Las hijas comenzaron a asumir roles que antes estaban reservados a los hombres y nuevas áreas como exportaciones, marketing y enoturismo ampliaron las oportunidades.
Para María Ignacia Eyzaguirre, enóloga, directora ejecutiva de Viña Encierra y presidenta de Viñas de Colchagua, más del 40% de los nuevos enólogos que se están formando son mujeres. Hoy también ocupan cargos de directoras técnicas, socias y dueñas de viñas. “En los últimos años la presencia femenina en el sector vitivinícola ha cambiado de manera notable, tanto en número como en el tipo de roles que ocupamos”, afirma.
Por su parte, Cristina Álvarez, presidenta de la Asociación Mujeres del Vino Chile (MUV Chile), destaca otro factor: el ejemplo. Una mujer que lidera una viña es enóloga, sommelier o desarrolla un proyecto enoturístico, amplía las posibilidades para quienes vienen detrás. En la encuesta de MUV Chile, un 75% de las participantes manifestó interés en continuar capacitándose para acceder a nuevas oportunidades.
Los datos tambien muestran que un 32% de las encuestadas se ha sentido desplazada, discriminada o minimizada en su trabajo, mientras un 39,9% declara haber percibido diferencias salariales por ser mujer. También persisten brechas en los cargos de mayor liderazgo. Sin embargo, Álvarez plantea que el desafío no debe entenderse como una competencia entre hombres y mujeres, sino como “la necesidad de que las oportunidades estén abiertas y que sean el talento y las capacidades los que determinen el éxito”.
El enoturismo también está cambiando
Uno de los ámbitos donde más claramente se observa esta transformación es el enoturismo. La visita tradicional a la bodega y degustación está dando paso a experiencias que incorporan gastronomía, naturaleza, bienestar y participación.
“Ya no se trata solo de mostrar barricas y contar la historia de la bodega, sino de crear un vínculo genuino con quien nos visita”, explica Pía Ravanal.
La transformación también ocurre en la comunicación. Cristina Álvarez llegó al mundo vitivinícola desde el periodismo, buscando contar las historias de su territorio. Su formación como sommelier le permitió unir el conocimiento del vino con la comunicación de su patrimonio, paisajes y personajes.
Eyzaguirre, por su lado, destaca que las mujeres también han contribuido a acercar el vino a nuevos públicos, haciéndolo “más cercano y menos intimidante. El cambio se observa hoy en las viñas, restaurantes y en las nuevas formas de consumir y comunicar el vino”, dice.
El emprendimiento también gana terreno: un 34% de las participantes del estudio de MUV Chile son emprendedoras o dueñas de sus negocios y un 43% se proyecta dirigiendo su propio emprendimiento. Además, un 87% considera necesaria la asociatividad entre mujeres.
Eyzaguirre suma la sostenibilidad como otro eje de transformación, con proyectos que ponen el foco en el “uso responsable del agua, el cuidado de la tierra, las comunidades y nuevas prácticas agrícolas”, señala.
Las tres entrevistadas coinciden, desde sus distintas experiencias, en una idea: conectar. Ravanal lo hace entre la tradición familiar y los nuevos mercados; Álvarez, entre el vino, las personas y los territorios; y Eyzaguirre, entre la gran industria y los pequeños productores de Colchagua.
El cambio, entonces, no consiste únicamente en que haya más mujeres trabajando en el vino. También están ayudando a redefinir la industria, desde la producción y el liderazgo hasta la manera de comunicar, exportar y vivir la experiencia enoturística. Persisten brechas, especialmente en los niveles más altos de decisión. Pero las mujeres ya son protagonistas de una industria que comienza a tener un rostro diferente y que, en sus nuevas generaciones, también está cambiando la forma de entender el vino chileno.
